Me sobraron avellanas, y este pastel italiano, hecho con solo tres ingredientes, me tentaba desde hacía tiempo. Originario de las colinas del Piamonte, este pastel de avellanas luce las famosas avellanas Tonda Gentile, reconocidas como las mejores del mundo. Siendo sincero, mis avellanas no eran de la misma variedad, pero aun así el resultado fue excelente. Este postre italiano es muy sencillo: sin harina, solo avellanas finamente molidas, huevos y azúcar. Tiene un intenso sabor a avellana y una textura suave, lo que lo convierte en un clásico en las mesas piamontesas. Se suele servir solo, con café o con un poco de crema fresca. Se conserva muy bien durante varios días e incluso mejora su sabor después de reposar. No podría decir cuánto tiempo exactamente, ya que lo terminé al día siguiente en el desayuno. Ligero y naturalmente sin gluten, encarna a la perfección la esencia de la cocina campesina italiana.
Moler las avellanas hasta obtener un polvo fino.
Batir las yemas de huevo con el azúcar hasta que la mezcla quede blanca.
Batir las claras de huevo hasta que se formen picos firmes e incorporarlas suavemente tres veces, utilizando una espátula de madera o de silicona.
Dejar enfriar antes de desmoldar.